Path: ccsf.homeunix.org!CALA-MUZIK!mmcatv.co.jp!jpix!news0.dion.ne.jp!newsfeed2.kddnet.ad.jp!newsfeed2.kddnet.ad.jp!newspeer1.nwr.nac.net!newsfeed.freenet.de!feed20.multikabel.net!multikabel.net!feed10.multikabel.net!feeder4.cambrium.nl!feeder5.cambrium.nl!feed.tweaknews.nl!68.142.88.75.MISMATCH!hwmnpeer01.ams!hwmnpeer01.lga!news.highwinds-media.com!cycny01.gnilink.net!cyclone1.gnilink.net!gnilink.net!wns14feed!worldnet.att.net!207.217.77.102!elnk-nf2-pas!newsfeed.earthlink.net!stamper.news.pas.earthlink.net!newsread4.news.pas.earthlink.net.POSTED!a01ee1e7!not-for-mail Newsgroups: japan.tv.channel.news,alt.tv.news-shows,alt.3djam-tv Subject: (IVÁN): NUESTRA FELICIDAD EN DIOS From: IVAN VALAREZO Organization: n/a Message-ID: User-Agent: Xnews/5.04.25 Lines: 1261 Date: Sun, 10 Jun 2007 14:25:07 GMT NNTP-Posting-Host: 71.247.190.73 X-Complaints-To: abuse@earthlink.net X-Trace: newsread4.news.pas.earthlink.net 1181485507 71.247.190.73 (Sun, 10 Jun 2007 07:25:07 PDT) NNTP-Posting-Date: Sun, 10 Jun 2007 07:25:07 PDT Xref: ccsf.homeunix.org japan.tv.channel.news:186 Sábado, 09 de Junio, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) NUESTRA FELICIDAD EN DIOS Así como la alegría de nuestro Padre Celestial es el Señor Jesucristo, pues así también con el Espíritu Santo, los ángeles del cielo y con cada uno de nosotros de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Porque sólo el espíritu de vida y de salud eterna es la felicidad infinita de nuestro Padre Celestial y de cada una de sus criaturas, en todos los lugares de su creación. Y sin Cristo Jesús en nuestras vidas, entonces nuestros corazones jamás conocerán la vida eterna ni mucho menos el gozo y la felicidad del reino celestial, de conocer a fondo el nombre sagrado de nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas, en la tierra y en el más allá, también. Realmente, nuestro Dios no conoce otra alegría y paz para su corazón y para su alma santísima, que no sea el Señor Jesucristo, en el cielo y en toda la tierra. En la medida en que, si existiese otra alegría y paz posible, para su corazón y para su alma santísima, nuestro Dios ya hace mucho tiempo que nos lo hubiese anunciado, y nos la hubiese entregado también a nosotros mismos, sin reservación alguna en su corazón. Así como entrego a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, como su Árbol de vida en el paraíso para Adán y Eva, y el Árbol de la vida, del "Cordero Escogido de Dios", en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle fin a nuestros pecados y darnos vida en abundancia e infinitamente, en la tierra y en el paraíso. Pero la realidad es que sólo hay una sola alegría y paz para nuestro Dios en todos los rincones de su inmensa creación celestial y terrenal, también, y ésta es su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna del paraíso y del nuevo reino de los cielos, ¡el Señor Jesucristo! Fue por esta razón, que Dios deseo, que desde el comienzo de todas las cosas, la alegría y la paz del corazón del hombre, en verdad, fuese el Señor Jesucristo viviendo en su corazón, como ha vivido por siempre, en su mismo corazón santísimo e infinitamente honrado, por cada ángel del reino de los cielos, por ejemplo. Además, aunque el Señor Jesucristo es la alegría y la paz infinita del corazón y el alma santísima de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, por ejemplo, aun así existe una mayor alegría y paz para su corazón, también, hoy en día y los días venideros de su nueva creación. Y esto es de ver a cada uno de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, y así también a cada ángel, arcángel, serafín, querubín y demás seres santos del cielo, alegres y felices, viviendo en la eterna paz del Espíritu Sagrado de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Porque sólo el Señor Jesucristo es la "felicidad infinita" de Dios y de su nueva eternidad venidera del más allá, de su Espíritu Santo y sus huestes celestiales junto con la humanidad, comiendo y bebiendo por siempre del fruto de la vida eterna. Además, al ver nuestro Dios la obra de sus manos, el hombre de toda la tierra, amando y honrando en su vida, en perfecta alegría y felicidad infinita de su corazón, a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces esto haría que su corazón rebose de un gozo y de una felicidad totalmente nueva, para Él y para sus ángeles. Seria como el empezar de una nueva era de vida, para nuestro Padre Celestial y para sus criaturas, también, ya sean celestiales y terrenales, en sus millares, en toda su creación, excepto Lucifer y sus ángeles caídos, por supuesto. Porque Lucifer jamás podrá vivir en la verdad y en la justicia infinita de la alegría del corazón de Dios y de la humanidad entera juntos con los millares de huestes celestiales del cielo, por ejemplo. Dado que, cada uno de los ángeles caídos ya ha sido condenado por sus propias palabras y malas acciones en contra de Dios y del nombre sagrado de la alegría del corazón bendito y eternamente honrado de Dios y de su Espíritu Santo, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Entonces seria una felicidad y un gozo tan fenomenal, que su corazón junto con su Espíritu y sus ángeles "prorrumpan en una fiesta celestial", la cual jamás terminaría en su corazón sagrado ni en el corazón de cada uno de sus seres creados, por su palabra y por su nombre, por ejemplo, como ángeles y hombres de su creación personal. Y nuestro Dios seria infinitamente feliz con cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra: al ver la felicidad de su Hijo amado "reflejada" en nuestros rostros, como nunca antes, sonrientes y llenos de alegría, por la felicidad de las muchas victorias sobre sus enemigos, de su nombre santo. Porque para nuestro Dios el nombre de su Hijo amado es muy santo para su corazón, por la tanto, debe de ser honrado y exaltado en los corazones de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, así como ha sido honrado y respetado por los ángeles a través de los tiempos y hasta nuestros días, por ejemplo. Y el que ama al Señor Jesucristo en su corazón y en toda su alma infinita, entonces para Dios éste hombre o ésta mujer, realmente, ha vencido y destruido cada una de las profundas tinieblas de su tristeza y de sus muchos males, también, en esta vida para entrar a su nueva vida infinita, de su Árbol Viviente, ¡el Mesías! Porque cada uno de nosotros vencerá al enemigo de Dios, Lucifer y sus ángeles caídos, por el nombre que es por encima de todo nombre en los cielos con los ángeles y en la tierra con todos los hombres y mujeres de la humanidad entera, por ejemplo, ¡el Señor Jesucristo! Porque con gozo y alegría de su corazón santísimo, nuestro Padre Celestial ha vencido al enemigo de toda su verdad y de su justicia infinita, Lucifer, el ángel de las profundas tinieblas de la tierra y del más allá, también, como el mundo bajo de las almas perdidas y el lago de fuego, por ejemplo. Pues así también cada uno de nosotros, empezando con nuestro Señor Jesucristo, ha vencido a Lucifer y cada una de sus artimañas, porque la cruz de los árboles secos y sin vida de Adán y Eva le vencieron, para que no vuelva a ser ningún daño en nuestras vidas del paraíso o de las nuevas tierras infinitas venideras, del cielo. Ciertamente hemos vencido infinitamente con nuestra fe, en el Señor Jesucristo, a Lucifer y a sus secuaces, en sus millares, en toda la tierra, sobre la roca eterna del SEÑOR, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle fin al pecado y darnos vida en abundancia, eternamente y para siempre. Por lo tanto, por ésta gran obra redentora del Señor Jesucristo y de su sangre derramada sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, para ponerle fin a nuestros pecados y a la vida inicua del ángel de las tinieblas, entonces nosotros gritaremos de alegría infinitamente, como si hubiese ocurrido hace unos minutos "la victoria de Cristo para la eternidad". TODO LO CREADO POR DIOS, SE ALEGRARA POR JESUCRISTO Ciertamente, con alegría saldrán de sus casas y en paz se irán por el camino de la verdad, la vida y de la justicia infinita de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, cuando invoquen su nombre santo con sus labios. Por lo tanto, los montes y las colinas irrumpirán en cánticos delante de ustedes, por el nombre del SEÑOR que vive en sus corazones infinitos, y los árboles del campo aplaudirán por la valentía de su fe, la cual alegra el corazón de su Dios y Creador de sus vidas, ¡el Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera! Puesto que, nuestro Dios está en los cielos, sentado en su trono de la gracia y de la misericordia infinita, y él desea oír de los labios de los hombres, mujeres, niños y niñas de toda la tierra, decir de que "el Señor Jesucristo es el único salvador de sus vidas infinitas". Porque cuando hagan éste reconocimiento espiritual en sus corazones y así lo confiesen con sus labios, entonces grandes poderes sobrenaturales de bendiciones antiguas, las cuales esperan en sus lugares antiguos del reino de Dios, comenzaran a descender sobre las vidas de sus fieles, de los que aman y creen en sus corazones, en el SEÑOR y en su causa justa. Y la causa justa de nuestro SEÑOR, ¡el Todopoderoso de los cielos y de toda la tierra!, es que su Hijo amado sea honrado y exaltado, en los corazones y en las vidas de todos los hombres, mujeres, niños y niñas, como siempre lo ha sido por los ángeles del cielo, por ejemplo, para gloria infinita de su nombre santo. Porque para éste propósito infinito Dios crea al hombre y así también la tierra santa del paraíso y con sus cielos eternos, para que la voz de los hombres y así también de los ángeles juntos, honren a su Dios en sus corazones y en con sus labios, para que su gloria celestial e infinita sea entonces mayor que antes. En vista de que, si estas nuevas glorias infinitas del nombre del Señor son levantadas hasta el cielo más alto que el reino de los ángeles, por ejemplo, entonces Dios nos bendecirá no solamente con sus bendiciones de siempre, sino con mayores bendiciones de la antigüedad. Y estas son bendiciones celestiales e infinitas, las cuales son muy esenciales para la felicidad de nuestras vidas, no sólo en la tierra, sino también en el paraíso y para el nuevo reino de los cielos, como La Nueva Jerusalén Santa y Eternamente gloriosa del gran rey Mesías, el Hijo de David, ¡el Cristo! Es decir, también, que si nosotros realmente creemos en nuestro Dios y la causa justa de la vida gloriosa de su Árbol de vida, entonces hemos de ser bendecidos poderosamente con la luz de la vida sagrada de su Hijo amado, Jesucristo, para ver en nuestras vidas aun más allá de las profundas tinieblas habituales de nuestros pecados, por ejemplo. En verdad, nada estaría oculto ante nuestros ojos, ni en nuestros corazones ni en nuestras vidas, no importando jamás por muy pequeño u oscuro que sea todo ello. Ya que, podríamos ver muchas cosas, de las cuales no podemos ver todavía aun en nuestras vidas, y que nos han estado haciendo daño, porque la luz de nuestros corazones, no es luz, sino tinieblas de las mentiras de Lucifer, como las que le dijo a Adán y a Eva, en el paraíso, por ejemplo, para cegar sus vidas eternamente. (En las escrituras, por ejemplo, Dios le dijo a los antiguos: "Mi pueblo muere por falta de entendimiento".) En el paraíso, Dios quiso bendecir a Adán y a cada uno de sus descendientes poderosamente, como jamás había bendecido a ninguno de sus ángeles, por ejemplo, pero con el entendimiento de la verdad y la justicia del Señor Jesucristo, igual que hoy en día, en todos los lugares de la tierra, sólo con la invocación de su nombre salvador. Pero primero que esto, el hombre tenía que bendecir en su corazón y con sus labios a su fruto de vida eterna, su Hijo amado, el Mesías del paraíso y de toda la creación de Dios, ¡ el Señor Jesucristo!, antes que Dios mismo lo bendijese a él y a sus descendientes poderosamente y gloriosamente, también, para la eternidad venidera. Desdichadamente, para mal de muchos, Adán le falla a Dios y así también a cada uno de sus descendientes, comenzando con Eva, su esposa, por ejemplo, dándoles así tinieblas de Lucifer, en vez de luz del entendimiento, conocimiento, sabiduría y poder celestial del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo! Dado que, si Adán hubiese hecho lo correcto, en su vida del paraíso, en bendecir al Señor Jesucristo en su corazón y con sus labios primero, entonces todo hubiese sido diferente, y el pecado no hubiese llegado a ser parte de su vida, para destrucción de su cuerpo y de su alma en la tierra y en el infierno, también. Sin embargo, sabemos, que Adán escogió creer al espíritu de mentira de las palabras torcidas de Lucifer, en la boca de la serpiente antigua del Edén y de su esposa Eva, por ejemplo, para mal de su vida y la de cada uno de los suyos, como tú y yo, hoy en día, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Es decir, que si Adán le hubiese obedecido al SEÑOR, en su palabra santa y verdadera, de comer del fruto del Árbol de la vida, el Mesías, entonces el Espíritu del SEÑOR hubiese entrado en su corazón y en su vida, para ser parte de su vida infinitamente, no sólo en él, sino también en cada uno de los suyos. Por lo tanto, Eva su esposa hubiese despertado a ésta verdad y justicia celestial de nuestro Padre Celestial, de que el Árbol de la vida es su Hijo amado, el Mesías de su vida y de cada uno de los suyos, también, en el paraíso y en toda la creación de Dios y de su Espíritu Santo, por supuesto. Entonces cuando Adán y Eva salieran de sus hogares del paraíso, por ejemplo, hubiesen caminado por siempre, en el camino, la verdad y la vida infinita de su Dios y Creador de sus vidas, y no en el camino del fruto prohibido del árbol de la ciencia, del bien y del mal de Lucifer, por ejemplo, para mal de muchos. En realidad, los árboles del paraíso y así también de toda la tierra hubiesen prorrumpido en alegría y gozo infinito de Dios, porque habrían hecho lo correcto lo justo, para su Dios y para la eternidad venidera. Pero, hoy en día, los árboles y sus montañas de toda la tierra están tristes, y muchos han muerto de tristeza, también, por culpa del pecado de Adán y Eva, por haber rechazado al Señor Jesucristo en sus vidas del paraíso, cuando debieron haberlo aceptado incondicionalmente, para bien eterno de cada uno de sus descendientes y de la creación entera. Porque la verdad es que cada uno de los árboles del paraíso y así también de toda la tierra "conocen" muy bien quien es el Árbol de la vida, para el resto de sus vidas no sólo en toda la creación, sino para la nueva vida infinita del nuevo reino celestial de La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo. Es más, todos los árboles, en sus millares, en el paraíso y en toda la tierra, también, hubiesen aplaudido la vida y el futuro de Adán y Eva, por ejemplo, porque habrían hecho lo correcto, de haber recibido del Espíritu del Árbol de la vida, en el paraíso, para jamás apartarse de su Dios y Fundador de sus vidas infinitas. Y esto es gloria eterna, la cual nuestro Padre Celestial busca, sin hallarla, en el corazón y en la vida de Adán y de sus descendientes, para gozarse en su corazón infinitamente por haber creado con sus manos sagradas, nuevas glorias y nuevas santidades jamás alcanzadas por los ángeles a través de los tiempos y hasta nuestros días, por ejemplo. Pero con el Señor Jesucristo, a pesar de la presencia de las tinieblas de la mentira del pecado de Lucifer, en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, entonces nuestro Dios ha encontrado lo que siempre busco en cada uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra. De hecho, esto es felicidad y justicia infinita para su corazón santísimo, de ver a sus hijos e hijas, llenos del espíritu de la sangre viva y del nombre glorioso y sumamente poderoso del pacto eterno, entre Dios y el hombre de toda la tierra, ¡el Señor Jesucristo! CANTEN CON JUBILO LOS QUE AMAN A DIOS, POR JESUCRISTO Por lo tanto, el clamor del corazón y del Espíritu Santo es uno, el cual se oye en todos los lugares de la tierra, cada vez que su palabra es predicada a tiempo y fuera de tiempo, para redimir las almas de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, del poder del pecado y de su muerte. Y dice así: Oh justos, alégrense en su Dios y gócense, eternamente y para siempre en sus almas redimidas por la sangre del pacto eterno, el cual es el Mesías, su Hijo amado, ¡el Santo de Israel y de las naciones! Pues entonces, canten gozos en sus nuevas vidas infinitas, desde ahora mismo y eternamente; háganlo con gran júbilo, también, porque su Creador ama a los rectos de corazón, a los que le aman a Él, en el espíritu y en la verdad celestial de su Árbol de vida, su Hijo amado, ¡el gran rey Mesías de todos los tiempos! Gócense en su Dios, en el nombre de su Hijo amado, para que su corazón se alegre también, delante de sus santos ángeles celestiales, para que les vengan días buenos a sus vidas y a todos los suyos, también, desde su trono santo de la gracia y de la misericordia infinita para toda su creación terrenal y celestial. En la medida en que, hay poder en el espíritu de alabanza y de la gloria infinita a su nombre santo, para todo aquel que invoca con sus labios y cree en su corazón, en el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque sólo el Señor Jesucristo es la alabanza perfecta a su nombre santo, en los labios de sus ángeles del cielo y así también de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, de buena fe y de buena voluntad, en todas las naciones de la tierra, desde hoy y eternamente y para siempre, en la eternidad venidera. Es por eso, que Dios escogió una tierra sagrada para él mismo y para su nombre santo, en donde su ciudad fue creada para alegría y a su pueblo rescato de entre las tinieblas de la casa de su esclavitud para que se gocen por siempre, en el nombre sagrado de su gran rey Mesías, ¡el Hijo de Dios! Y esta ciudad creada para la alegría de su nombre sagrado es La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo, en donde su pueblo se gozara día y noche y por siempre en la nueva eternidad venidera, sólo en conocer y alabar su nombre santo, el de su Creador Celestial y de todos los tiempos, por ejemplo, ¡el Todopoderoso! Puesto que, en su nueva ciudad celestial, hecha de largas calles de oro, inmenso mar de cristal y mansiones, en sus millares, por doquier para sus hijos e hijas, sólo se conocerá el poder sobrenatural de alabar y de honrar infinitamente el nombre bendito de su gran rey Mesías, el Cristo de Israel y de las naciones, ¡el Señor Jesucristo! Porque sólo el Señor Jesucristo viviendo en el corazón de Adán y de cada uno de sus hijos e hijas de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, será "el gozo y la felicidad" de Dios y de sus huestes celestiales, en sus millares, en toda la creación celestial de Dios y de su Espíritu Santo. Por ello, el mandato de nuestro Padre Celestial por medio de sus profetas y últimamente por su Hijo amado, el Señor Jesucristo, es que todo ser viviente crea en Él, como su único Dios y Creador de su vida, por la fe sobrenatural, la cual sólo en posible en nuestras vidas, en la invocación del nombre sagrado del Señor Jesucristo. Ya que, fuera del Señor Jesucristo no hay otra vida posible, celestial y agradable, para satisfacer toda la verdad y la justicia infinita de nuestro Padre Celestial, en el paraíso y así también para Adán y para cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las naciones del mundo entero. Es por eso, que cuando Adán dejo de comer y beber del fruto del Árbol de la vida del paraíso, entonces tuvo que abandonar su vida celestial para empezar a vivir su vida terrenal, en donde finalmente comería y bebería del Árbol de vida de Dios y de su Espíritu Santo, en las afueras de Jerusalén, en Israel. Pero esta vez, no estaría con toda su vida en su cuerpo, como cuando vivía en el paraíso feliz con Eva, sino que seria un palo viejo y sin vida alguna de la tierra y así también su esposa Eva; ambos cruzados por clavos y unidos como al nivel de la quinta costilla del palo de Adán, para recibir ¡al Mesías! Sobre la roca eterna: Adán se levantaría del hoyo de la tierra, porque de ahí lo saco Dios con sus manos sagradas, en el día de su creación; más Eva seria clavada al nivel de su quinta costilla, porque de ahí la saco Dios, con sus manos benditas, en el día de su formación, también. Y así los dos unidos, como una cruz alta, como alcanzando el paraíso, para recibir por fin, con clavos el cuerpo y la sangre sagrada del Hijo de Dios, el gran rey Mesías de Israel y de las naciones, para fin del pecado y la salvación infinita por el cumplimiento de la Ley de Dios y de la humanidad entera. Porque ambos serian cruzados y con clavos profundos y dolorosos, entonces recibirán la comida y la bebida de la vida eterna del Árbol de Dios, el Señor Jesucristo, por medio de su sangre sagrada, para entonces volver a vivir sus vidas normales del paraíso, pero esta vez, con mayor gloria y vida en abundancia que la primer vez, por ejemplo. Y desde el día que Adán y Eva recibieron al Señor Jesucristo, por los poderes sobrenaturales de la sangre del pacto eterno entre Dios y la humanidad entera, entonces cada uno de sus descendientes puede también ser copartícipe del fruto de vida eterna: la comida y la bebida de ángeles del cielo, para vivir infinitamente en el nuevo reino celestial. Por ello, el Espíritu Santo sigue descendiendo con los mismos poderes y autoridades sobrenaturales para subyugar a cada una de las tinieblas de las mentiras de Lucifer, en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, para que ya no sean tinieblas en sus corazones, sino la luz del Árbol de la vida eterna, solamente. Porque es la luz del Árbol de la vida, la cual puede alumbrar y resplandecer poderosamente, en contra de cada una de las profundas tinieblas de las mentiras de Lucifer, para destruirlas y hacer que sólo la vida y la voluntad perfecta de Dios entonces reine, en aquella vida del hombre o de la mujer, por ejemplo, en la tierra. Como en el caso de Adán y Eva en el paraíso, Dios deseaba que la luz eterna del Árbol de la vida reinase y brillase infinitamente en sus vidas y en la vida de cada uno de los suyos, en sus millares, de todas las naciones, pero ellos prefirieron las tinieblas por error antes que la luz del Mesías. Y fue por esta razón, que ellos no pudieron quedarse en el paraíso para seguir viviendo sus vidas celestiales, porque toda vida del paraíso tiene que ser o compatible, sólo como la vida gloriosa y eternamente honrada del Árbol de la vida, el Hijo de Dios. De otra manera, ninguna otra vida puede permanecer y prevalecer en el paraíso o en cualquier otro lugar del reino de los cielos, por muy grande o por muy gloriosa que sea. Es por eso, que todo ángel del cielo, en sus millares, en sus diferentes rangos de gloria y de grandeza infinita, sino comía y bebía del Árbol de la vida, entonces no podía permanecer viviendo en el paraíso ni menos delante de la presencia sagrada de Dios y de su Espíritu Santo, por ejemplo. Y como una tercera parte de los ángeles del cielo, cuando eran santos y puros delante de Dios, decidió no comer y beber del fruto de la vida, entonces tuvo que abandonar su vida sagrada del reino de Dios, para convertirse en tinieblas del bajo mundo, de los rebeldes y perdidos, sin fe y sin su Jesucristo en sus vidas. Es más, fue la misma tierra santa del reino de los cielos la que los vomito de su presencia sagrada y la de Dios, también, para que no vuelvan más a vivir sus vidas en ellas, diferentes a la vida gloriosa y sumamente honrada del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo! Entonces lo mismo les sucedió a Adán y a Eva, por ejemplo; ambos desobedecieron, como los ángeles rebeldes de Lucifer, en el reino de los cielos, a Dios y a su Árbol de vida, para no comer ni beber de Él y así seguir viviendo sus vidas normales en el paraíso, felices y alegres con su Dios y sus ángeles. Por lo tanto, la misma tierra del paraíso los vomito de la presencia sagrada de Dios y de su Espíritu Santo, para no contaminar con sus vidas los lugares celestiales del más allá, con sus vidas rebeldes a la verdad, la justicia y la santidad perfecta de la voluntad de Dios, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y la tierra del paraíso vomita a Adán y a Eva del cielo, de la misma manera que a Lucifer, por ejemplo, para que no hagan más daño al corazón de Dios y de sus huestes de ángeles gloriosos y sumamente honrados, de la vida santísima del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en el reino de los cielos. Pero cuando Adán y Eva fueron vomitados del paraíso, no tanto por mandato de Dios, sino por la misma tierra y por los mismos cielos, porque sus vidas no eran compatibles a la vida honrada y eternamente gloriosa del Árbol de la vida, entonces Dios los dejo ir a vivir sus vidas en la tierra, para luego rescatarlos con poder. Y éste poder del Espíritu de Dios y de su fruto de vida eterna está tocando la puerta de tu corazón, para que le abras y pueda entrar Dios y hacer su voluntad perfecta en tu vida, para bien de tu alma y la de los tuyos, también, en la tierra y en el cielo, para siempre. Entonces Dios dejo ir a Adán y a Eva de la tierra del paraíso, para luego rescatarlos con grandes poderes sobrenaturales, sólo posibles en sus corazones y en sus vidas, como en cada uno de sus hijos e hijas en todos los lugares de la tierra, con la misma sangre sagrada del fruto de vida del paraíso, ¡el Señor Jesucristo! Para que en el futuro no muy lejano, entonces ellos puedan comer y beber del cuerpo del Árbol de la vida y con su prole, pero esta vez con clavos en sus cuerpos muertos por el primer pecado original del paraíso, para que reciban una nueva vida y en abundancia también, en el nuevo reino celestial, para la eternidad venidera. Es por esta razón, que el Señor Jesucristo regresa pronto a la tierra, para levantarnos a nuestras vidas normales del paraíso, y así jamás volvernos a separar de Él y de su presencia gloriosa y eternamente agradable para nuestros corazones y para nuestras almas infinitas, en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y Eterna del cielo. ÉSTE ES JESÚS, EN QUIEN ESPERAMOS; NOS LIMPIARA DEL PECADO. Se dirá en aquel día, cuando el Señor Jesucristo regrese a la tierra: ¡He aquí, éste es nuestro salvador celestial!, ¡el único!; ¡el prometido "Cordero Escogido" exclusivamente por nuestro Padre Celestial para esta gran labor celestial e infinita de nuestras vidas manchadas por el poder del pecado, quien nos librara y limpiara de todos los males de nuestros enemigos eternos! En Él hemos esperado, y Él nos salvará de nuestros pecados y muertes eternas de la tierra y del más allá, también: ¡Este es el Señor Jesucristo, el que nos ama con un amor eterno y sobrenatural, el cual sólo puede existir en su corazón sagrado y eternamente glorioso, delante de Dios y de sus huestes angelicales del reino celestial! Pues en Él hemos esperado todos los días de nuestras vidas y hasta hoy en día, para que nos reciba en el paraíso una vez más, y esta vez para la nueva eternidad venidera de la nueva vida del nuevo reino de Dios y de sus ángeles eternos. ¡ Gocémonos, pues entonces, en su presencia santa, y alegrémonos en su salvación celestial e infinita de nuestro SEÑOR, creador del cielo y de la tierra! ¡Porque mayor salvación que ésta, la de su Hijo amado, su Árbol de vida eterna, no hay otra igual, en el paraíso ni menos en la tierra, para siempre! Es por esta razón, que hoy en día, deberíamos estar muy felices en nuestros corazones, porque el Señor Jesucristo es nuestra única salvación infinita, de nuestras almas y de nuestras vidas, en la tierra y en el paraíso, también, para la nueva eternidad venidera del nuevo reino de los cielos. Entonces tenemos que amarle y respetarle en nuestros corazones, en nuestros espíritus y cuerpos humanos, por ejemplo (no como los impíos hacen con Él), para que nuestro Padre Celestial nos ame y nos respete, también, todos los días de nuestras vidas, para que cuando necesitemos algo de Él y de sus muchas riquezas, pues no nos niega nada, jamás. Por consiguiente, nuestro Dios decide quien es bendecido por Él y quien no; los que son bendecidos por Dios, son los que aman al Señor Jesucristo, porque sólo Él es la voluntad perfecta de su corazón: lleno de verdad, amor y justicia infinita, para sus ángeles y así también para la humanidad entera, sin jamás hacer excepción de persona alguna. Porque es el amor y el respeto hacia su Hijo amado, desde nuestros corazones y desde nuestras almas eternas, lo que hace a nuestro Padre Celestial siempre moverse a favor de cada uno de nosotros, en todas las cosas que emprendamos en la tierra, para bien de nuestras vidas y para gloria, honra de su nombre sagrado en el infinito. Y esto tiene que ser así, en el cielo y en la tierra también, amar al Señor Jesucristo quien ha venido a nosotros desde el paraíso, para entonces aprender amar a nuestro Creador. Porque nuestro Dios tiene grandes ideas para ponerlas a trabajar para gloria de su nombre sagrado, en nuestras vidas, si tan sólo le somos fieles a Él, por medio de quien nos ha confiado en nuestros corazones, a su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Y, además, porque nuestro Dios se está preparando, a pesar del mal de Lucifer, para entrar a una nueva vida infinita, sin el pecado y el espíritu de error de ninguno de sus enemigos, para gozar la nueva eternidad venidera, con cada uno de sus ángeles y así también con los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Porque es el amor y el respeto que Dios siempre ha sentido hacia su Hijo amado, el Señor Jesucristo, lo que mueve su corazón a hacer muchas cosas, si no todas, ya sea en el cielo o en cualquier lugar de su inmensa creación, como en la tierra en donde vivimos, hoy en día, por ejemplo. En otras palabras, también podríamos decir: como tú tratas a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en tu corazón y en toda tu vida, pues así también Él te atenderá a ti y a los tuyos. Entonces si es para bien, pues para bien estará Dios contigo, siempre por medio de su Jesucristo; pero si es todo lo contrario, entonces Él no tiene la culpa de ningún mal que suceda en tu vida o en la vida de tus muy amados, por ejemplo, porque los errores y males del fruto prohibido estarán contigo y los tuyos. Porque es tu decisión personal de amar su verdad, su justicia y su nueva vida infinita, la cual es el Señor Jesucristo, lo que decide realmente como Dios te tratara a ti y a los tuyos, hoy en día y por siempre en la eternidad venidera, también. Podemos ver a Adán y a Eva, en el paraíso, por ejemplo. Ambos no amaron el fruto del Árbol de la vida, como ya conocemos, para comer y beber de Él, siempre en sus vidas celestiales del reino de los cielos, pues entonces tuvieron que salir de su presencia santa a vivir en la tierra de nuestros días, y sólo hasta que coman y beban de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque de otra manera, ninguno de ellos, ni sus descendientes, podrían jamás volver a sus vidas normales y celestiales, por las cuales fueron creados en las manos de Dios, con la ayuda idónea del Espíritu Santo y del Árbol de la vida eterna, para vivir en el paraíso, eternamente y para siempre. Porque para nuestro Padre Celestial su Hijo amado es todo y lo mejor de lo mejor, a la vez, para Él y para cada una de sus criaturas, sean ángeles del cielo u hombres y mujeres de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva, en el paraíso y en todos los lugares de la tierra, también, por supuesto. Ahora, el primer ser creado, por su nombre y por sus manos, fue el hombre, Adán, en el reino celestial, y luego lo puso a vivir en el paraíso, para ver como seria su vida delante de su presencia sagrada y de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Y nuestro Dios hizo muchas cosas buenas, sólo para ver si Adán seria feliz o no, en el cielo. Y entonces Dios se dio cuenta que Adán no podía vivir solo, en toda la inmensidad de las grandes glorias celestiales del paraíso. Y Dios pensaba intensamente en su corazón, como ayudarlo, sin jamás causarle ninguna desdicha a su vida angelical. Es decir, que Dios y el Señor Jesucristo siempre han estado en nuestras vidas, de una manera u otra, por medio del Espíritu Santo de vida y de bendición infinita, para ayudarnos a crecer como hombres y como mujeres del nombre sagrado de nuestro Creador, para alcanzar nuevas glorias y santidades infinitas del nuevo más allá de la eternidad venidera. Porque es necesario que nuevas glorias y honras sean alcanzadas no sólo por los ángeles del cielo, sino también por el hombre de toda la tierra, también, sólo por medio del fruto de vida eterna del paraíso, ¡el Señor Jesucristo! En la medida en que, todo con el Señor Jesucristo vale mucho o infinitamente para Dios, y nada con el Señor Jesucristo no tiene valor alguno para Él ni para su Espíritu Santo ni para sus huestes angelicales, tampoco, por ejemplo. Entonces ahí estaba Adán, viviendo sólo en el paraíso sin conocer al Señor Jesucristo todavía, por algún tiempo, tratando de crecer en la imagen y en la semejanza, por la cual Dios mismo lo había creado con sus manos santas, de la tierra sagrada del reino de los cielos, para gloria y santidad infinita de su nombre sumamente honrado. Y no paso mucho tiempo, cuando Dios se dio cuenta que no era bueno que el hombre siguiese viviendo solo, y pensó en su compañera, por vez primera, por amor a su nombre santo. Aquí es cuando Dios decide verdaderamente crear a Eva, su esposa, para que esté siempre al lado de la quinta costilla de Adán, en todos los días de su vida, para que no le falte nada, y no viva triste ni un día más, en toda la nueva eternidad venidera del nuevo reino celestial. Así fue creada Eva en las manos de Dios, también, por necesidad de Adán, pero de su quinta costilla salió ella, para que sea su compañera todos los días de su vida y aun hasta el fin de todas las cosas del mundo entero, como en la nueva ciudad infinita del nuevo reino angelical: La Nueva Jerusalén Santa del cielo. Aquí, los primeros seres humanos habían sido creados, en las manos de Dios, y luego vendríamos nosotros, en nuestros millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, para vivir por Dios y conocer su santo nombre, en lo intimo de nuestros corazones, en la tierra y para la nueva eternidad venidera. Por lo tanto, nosotros somos creación perfecta de las manos santas e infinitamente felices de nuestro Padre Celestial, con la ayuda idónea de su Espíritu Santo y de su Árbol de la vida, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para vivir con Él, eternamente y para siempre en su nuevo reino celestial. Y ésta nueva vida del nuevo reino celestial ya está con cada uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra, si tan sólo le somos fieles a nuestro Padre Celestial, a través del amor angelical y sin igual alguno de la humanidad entera, en el cielo y en la tierra, de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por ende, eso es todo lo que Dios siempre ha requerido de sus ángeles y así también de la humanidad entera, de que le seamos fieles a Él, a través del fruto del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo y su sangre sumamente milagrosa, del pacto eterno entre Dios y el hombre de toda la tierra. Es decir, también, que día y noche nuestro Padre Celestial continua ofreciendo su fruto de vida a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias, naciones, tribus, pueblos, linajes y reinos de la tierra, para que coman y beban de Él y sean felices eternamente y para siempre, en su nueva vida encontrada para la nueva eternidad venidera. Porque sólo el Señor Jesucristo es la felicidad perfecta del corazón y de la vida de todo ser viviente, ya sea ángel del cielo u hombre o mujer del paraíso y de toda la tierra, también. GRITARAN CON GRAN JUBILO, LOS QUE CREEN EN JESUCRISTO Entonces se alegrarán todos los que confían en el SEÑOR, porque sólo el Señor Jesucristo es nuestro camino, verdad y vida eterna en la tierra y en la eternidad venidera del nuevo reino de los cielos; para siempre gritarán de júbilo por amor a su nombre, pues nuestro Dios mismo nos protege de los males de nuestros enemigos de siempre. Seremos llenos de gozo y de felicidad infinita de su Espíritu Santo, porque el nombre de Dios es una realidad celestial en nuestros corazones y en nuestras almas inmortales, caminando día y noche y por siempre hacia nuestros nuevos días largos e infinitos de su nuevo reino glorioso del cielo, por ejemplo. Por lo tanto, los que aman su nombre bendito se regocijarán en el Señor Jesucristo, ya que Él mismo, nuestro Dios, bendecirá al justo por amor a su nombre sagrado, el cual vive en el corazón del hombre infinitamente fiel a Él, por razones de su amor celestial hacia su Hijo amado, el gran rey Mesías de todos los tiempos. Entonces como un escudo nos rodeará y con su favor nos ayudara también, como a todo aquel que le es fiel sólo a Él, como su Creador Celestial, al creer en su corazón e invocar con sus labios: la verdad y la justicia que llena de alegría su corazón y la de su Espíritu Santo y millares de huestes celestiales. Y esta verdad y justicia celestial e infinita de Dios es, realmente, que sólo el Señor Jesucristo es su Hijo amado y SEÑOR de la nueva vida celestial del nuevo reino de los cielos, para cumplir sólo su voluntad infinitamente para con los ángeles y para con cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Porque fuera del Señor Jesucristo, entonces no hay complacencia posible, para el corazón y para el alma viviente de nuestro Dios, en esta vida ni en la venidera tampoco; porque, sin el Mesías, toda vida de ángel del cielo y de la humanidad entera seria sólo tinieblas delante de su presencia santa y la de su Espíritu Santo, también, infinitamente. Y esto es algo terrible para el corazón de Dios, de tan sólo pensarlo; Dios no desea éste terrible mal, jamás, para ninguna de sus criaturas, como ángeles del cielo u hombres del paraíso y de toda la tierra, también, de nuestros días y de siempre. Dado que, nuestro Padre Celestial sólo puede ver a sus ángeles celestiales y así también a todo hombre y mujer de buena voluntad y de buena fe, por medio de la luz del Señor Jesucristo, alumbrando intensamente en su corazón, desde el momento en que creyó en Él y hasta siempre vivir en el nuevo reino celestial, por ejemplo. Porque sólo el Señor Jesucristo es la luz del cielo, para destruir cada una de las profundas tinieblas de las mentiras eternas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en el paraíso con Adán y Eva y así también con la humanidad entera, de todas las naciones de la tierra. Y sin el Señor Jesucristo entonces todo es tinieblas para los ángeles del más allá y así también para cada hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, delante de Dios y de su Espíritu Santo. Es decir, que sin el Señor Jesucristo en nuestras vidas terrenales o celestiales, entonces no hay felicidad y alegría posible alguna para ángeles del cielo ni para hombres ni mujeres de la tierra, sino sólo tinieblas y tristeza infinita en sus corazones ciegos y perdidos, en el espíritu de error y de grandes mentiras de Lucifer y sus ángeles caídos. Visto que, estas son realmente las profundas tinieblas de las mentiras, por las cuales alejaron y, a la vez, destruyeron a Adán y a Eva en sus vidas celestiales del paraíso, para que no coman y beban del Árbol de la vida, por ejemplo, como sucede actualmente con cada uno de sus descendientes en todos los lugares del mundo entero. Porque muchos de ellos no son felices, sino que viven en una profunda tristeza de sus corazones, ciegos y perdidos, porque no han comido ni menos gustado jamás del fruto del Árbol de la vida del paraíso, ¡el Señor Jesucristo!, cuando muy bien pueden gustar de Él, en cualquier tiempo y lugar de la tierra, sin más esperar por nada. En verdad, cada uno de ellos, así como Adán y Eva, por ejemplo, sólo conoce tinieblas y profunda tristeza en su corazón y en su alma eterna, también, porque el espíritu que rechazo el fruto de vida vive aun, en su corazón, en su espíritu y cuerpo humano, repleto del espíritu hostil a su Dios y a su Jesucristo. Y cada uno de ellos, en toda la tierra, ha de seguir viviendo su vida completamente triste y ciega, como la de Adán y Eva, en el paraíso y hasta que salga de la presencia de Dios y de su Espíritu Santo, porque el Señor Jesucristo no es la alegría de su corazón y de su alma eterna, por ejemplo. Por cuanto, sólo el Señor Jesucristo es la verdadera vida alegre y llena de gozo y paz infinita de la salud de su corazón, de su espíritu y cuerpo humano, en la tierra y así también, en el paraíso y en el nuevo reino de los cielos, de Dios y de su Espíritu Santo, por ejemplo. Porque ésta es la alegría infinita de la vida gloriosa del reino celestial, de que sólo el Señor Jesucristo es el Árbol de la vida y, a la vez, el gran rey Mesías de los ángeles y así también del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, en el paraíso y en la tierra, hoy y siempre. Es por eso, que el evangelio del Señor Jesucristo siempre ha venido día y noche y a tiempo y fuera de tiempo, también, para tocar la puerta de nuestros corazones y hacernos reflexionar de la necesidad infinita de Dios, en nuestras vidas. Porque sólo con Dios y el Señor Jesucristo en nuestros corazones y en nuestras vidas, realmente podremos alcanzar una vida mejor, no sólo en la tierra, sino también en el más allá, como en el paraíso o como en La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo. Puesto que, para ningún ángel del cielo y así también para ningún hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, habrá una vida mejor para su alma y para su corazón, si Dios no es una realidad en su vida, por medio del Señor Jesucristo, su único Hijo amado, el gran rey Mesías de todos los tiempos, para siempre. Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial siempre ha insistido, desde el comienzo de todas las cosas para la humanidad entera, en el más allá, como con Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso, de comer y beber solamente del Árbol de la vida, para comenzar a crecer en sus corazones y en sus almas eternas, para Dios. Dado que, sólo ésta es la única manera para alcanzar una vida mejor y hasta superior a la de los ángeles del cielo, por ejemplo, en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. De otra manera, no es posible alcanzar una vida mejor y hasta mayor que la de los ángeles del cielo, sin el Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones y en nuestras vidas terrenales y celestiales, también. Es más, sin el Señor Jesucristo ningún ser viviente, del cielo ni menos de la tierra, podrá realmente conocer su verdadera vida por la cual fue creado en el principio, por Dios y por su Espíritu Santo, por ejemplo. Es por eso, que para los que hemos creído en nuestro Dios, por medio de la vida y de la sangre sagrada de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces viviremos eternamente alegres y felices en nuestros corazones, por haber llegado a conocer su única vida verdadera e infinita, por la cual nos formo en sus manos, en el principio. Y ésta nueva vida verdadera e infinita comienza en cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, linajes, tribus y reinos en la tierra y en el paraíso, también, llena de los poderes sobrenaturales del nombre, de nuestro Dios y Fundador de nuestras vidas eternas de su nuevo reino celestial, por sólo creer en Jesucristo. Por eso, se gozaran infinitamente todos los que creen en el Señor Jesucristo en sus corazones, delante de Dios y de su Espíritu Santo, rodeado por siempre por sus huestes celestiales, en sus millares, en todos los lugares del reino de los cielos, para exaltar mucho más que antes su nombre sagrado, en nuestras nuevas vidas infinitas. Pues infinitamente gritaran gozos y llenos de jubilo en sus corazones y en sus almas redimidas por la sangre del Señor Jesucristo, declarando abiertamente que nuestro Dios es grande y digno de toda gloria y honra, porque ahora Dios mismo los protege de todos los males del mal del más allá, como Lucifer y sus ángeles caídos, por ejemplo. Por lo tanto, los que aman al Señor Jesucristo, alegraran el corazón de Dios, mucho más que los ángeles del cielo se lo hayan alegrado a través de los siglos y hasta nuestros días, por ejemplo. Todos serán felices, haciendo feliz así a los que verdaderamente aman a Dios y a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, desde lo profundo de sus corazones, en esta vida y en la venidera, también, como en el nuevo reino celestial de su Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo. Ciertamente los que aman al Señor Jesucristo serán amados por Dios y por su Espíritu Santo, con grandes poderes sobrenaturales del cielo, por manifestar ese espíritu de fe y de amor hacia su Dios, por medio del Señor Jesucristo, su único fruto de vida eterna, en la tierra y así también, en el paraíso, eternamente y para siempre. Por eso, los que aman al SEÑOR del cielo y de toda la tierra, desde hoy mismo y por siempre, por medio del nombre del Señor Jesucristo, entonces serán amados por Dios mismo, con su protección infinita y, a la vez, ayudados día y noche con su favor celestial de grandes poderes y de riquezas indescriptibles de la creación. Poderes y riquezas indescriptibles del nombre sagrado de nuestro Dios y de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, manifestadas una a una en nuestras vidas de la tierra y en la nueva vida celestial del nuevo reino de los cielos, también, por ejemplo, como en La Nueva Jerusalén del gran rey Mesías, el Hijo de David, ¡el Cristo! SOMOS SERES ALEGRES CREADOS POR DIOS, POR SU NOMBRE SANTO En verdad, nuestro Dios nos ha creado para que seamos seres muy alegres delante de su presencia y con su nombre santo viviendo en nuestros corazones. Así como los ángeles del cielo, que siempre han sido alegres con Dios y con su nombre sagrado viviendo en sus corazones, también, todos los días de sus vidas, desde el día de su formación y hasta nuestros días, por ejemplo. Por lo tanto, el reino de los cielos es una tierra muy sagrada e infinitamente alegre para ángeles y gentes sumamente felices, como los que aman de todo corazón a su Dios, por medio de su Árbol de vida infinita, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Es por eso, que el Señor Jesucristo les enseño, con cautela, a sus apóstoles y discípulos ha vivir siempre alegres y gozosos, con su nombre santo en sus corazones, para que entonces sólo haya alegría y paz en sus almas y en cada momento de sus vidas, delante de su Dios y Creador de sus nuevas vidas infinitas del paraíso. Es más, el Señor Jesucristo les decía a sus seguidores: No se alegren que tienen poderes contra sus enemigos, sino alégrense que sus nombres están escritos en "el libro de la vida", del reino de los cielos. Entonces nuestro Dios desea que cada uno de sus seres amados sea alegre por siempre de espíritu, sólo por medio de la vida gloriosa y sumamente honrada del Señor Jesucristo, para el servicio infinito de su nombre santo, ya sea en la tierra o en el paraíso, con cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Porque en la nueva vida infinita de La Gran Jerusalén Celestial van a alabar y honrar el nombre de nuestro Dios día y noche y por siempre en la eternidad venidera, no con tristeza en sus corazones y en sus espíritus humanos, sino con mucha alegría del Espíritu Santo y del Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! En la medida en que, "sólo la invocación" del nombre del Señor Jesucristo es la alegría celestial e infinita del espíritu de la sangre y del nombre glorioso y eternamente honrado de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, por ejemplo. Y sin el nombre del Señor Jesucristo y sus muchas bendiciones viviendo en el corazón del hombre, entonces le será totalmente imposible alabar y honrar a su Dios, no sólo en la tierra, sino también en el paraíso o en cualquier lugar de la nueva creación de Dios y de su Espíritu Santo, en el más allá, por ejemplo. Porque sólo los poderes de verdad, justicia y santidad infinita del espíritu de la sangre y de la vida de nuestro Señor Jesucristo, tienen dominios y potestades sobrenaturales para servir a nuestro Dios, "en ese espíritu y en esa verdad", por las cuales Él ha buscado desde siempre, en los ángeles y, en hoy en día, en todo hombre, también. Por cuanto, nuestro Padre Celestial sólo desea vivir, en su nueva vida infinita con cada uno de sus seres creados, como ángeles del cielo y hombres de la humanidad entera, únicamente en "el espíritu" de la verdad, justicia y santidad infinita, del fruto del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo! Y sin éste espíritu del fruto del Árbol de la vida, para que sus ángeles y hombres, mujeres, niños y niñas de toda la tierra, coman y beban de Él, nuestro Dios no desea vivir, ni podrá jamás tampoco, existir con ninguno de ellos, en la tierra, ni menos en su nueva vida infinita del nuevo reino de los cielos. Porque es sólo en comer y beber del fruto del Árbol de la vida día y noche y por medio de la oración y la fe, lo que hace que nuestro Dios esté siempre alegre con cada uno de nosotros. Y esto es ser feliz y alegre con cada uno de nosotros, en nuestros millares, ya sea en el paraíso o en la tierra, sólo por su verdad y por su justicia infinita que emanan del espíritu de la vida gloriosa de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, por nuestros corazones y por nuestras almas infinitas, por ejemplo. Entonces nuestro Dios desea que cada uno de nosotros crea en Él, por amor a su Hijo amado, para que podamos vivir, desde ahora, como en el espíritu y en la vida de sus ángeles más gloriosos del reino de los cielos, por ejemplo, para el servicio alegre y eternamente honrado de su nombre santo. Y sólo así entonces podremos nosotros conocer a nuestro Dios y a su nueva vida infinita, en nuestros corazones, en nuestras almas y en nuestros cuerpos humanos, "glorificados infinitamente por la vida misma de nuestro salvador celestial", ¡el Señor Jesucristo! Puesto que, en nuestras nuevas vidas infinitas del más allá, hemos de vivir infinitamente gozosos de disfrutar los sentimientos íntimos no sólo de nuestros corazones, llenos del Señor Jesucristo, sino también de nuestras almas, las cuales fueron formadas en las manos sagradas de nuestro Dios, para que lleven infinitamente su imagen y su semejanza gloriosa, en el nuevo reino celestial. Y esta alegría no va a volver a la vida de ningún hombre (o pecador o pecadora de toda la tierra), si es que el Señor Jesucristo no es parte de su corazón y de toda su vida, también, desde hoy mismo y por siempre, en la nueva eternidad venidera del nuevo reino sempiterno de los cielos. Ya que, fue Lucifer quien nos arrebata violentamente, con mentiras y maldades, la alegría y el gozo de nuestros corazones de ver y conocer el nombre sagrado de nuestro Padre Celestial y de su fruto de vida infinita del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en el paraíso. Pero en ésta hora, nuestro Dios desea devolverte esa alegría (y esa vida celestial e infinita) del paraíso, para que te comiences a gozar en su plenitud con tu Dios y Creador de tu vida, como debió de ser contigo, desde el principio de todas las cosas, en el más allá, como en el día de tu creación, por ejemplo. Porque la verdad es que sólo la alegría de tu corazón, con el Señor Jesucristo viviendo en él, verdaderamente alegra a muchos en la tierra y en el cielo también, como a ángeles celestiales y a tu Dios y Creador de tu vida infinita, también, como el único Dios Vivo, ¡el Todopoderoso de Israel y de las naciones! Y si, hoy en día más que nunca, deseas realmente hacer alegre y muy gozoso el corazón de tu Dios y Fundador de tu vida, para reconciliarte con Él y ganar su favor celestial y terrenal, a la vez, entonces sólo tienes que "invocar" concluyentemente el nombre sagrado de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Algo que Adán falla con Eva hacer delante de Dios y del Árbol de la vida en el paraíso, prefiriendo así por error y por engaño, por las palabras de Lucifer, comer del fruto prohibido. Pero esperemos que ni tú ni los tuyos comentan el mismo error mortal del más allá y de la tierra, también, por supuesto; esperemos que no-que nunca te suceda este terrible mal del más allá a ti ni ninguno de los tuyos, de los que están cerca o lejos de sus hogares, por ejemplo. Dado que, eso fue todo lo que Dios le pidió a Adán y a Eva, también, para que sean felices y alegres infinitamente, en sus vidas celestiales del paraíso, para que comiencen a invocar su nombre santo, como cada uno de los ángeles del paraíso lo han hecho por millares de siglos pasados de la antigüedad y hasta nuestros días. Y, hoy en día, es lo mismo que nuestro Padre Celestial le está pidiendo a cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, a través del Espíritu Santo de su palabra, de su nombre y de la vida santa y sumamente justa de su Árbol de vida infinita, su Hijo amado, el Hijo de David, ¡el Mesías! Para que entonces sólo reine el espíritu del gozo y la alegría de tu corazón y de tu alma, de la misma manera, que debió ser siempre, desde el comienzo de tu formación en las manos de Dios, para que lleves su imagen y su semejanza santa, infinitamente en tu nueva vida celestial, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y sólo así entonces le sirvas, con mucha alegría y gozo en tu corazón, tal como los ángeles hacen lo mismo y sin cansarse en ningún momento de la vida día y noche, desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo. ¡Amen!, haz tú lo mismo y se feliz con tu Dios, a través de su Jesucristo, para que alcances mayor gozo y bendición celestial y terrenal para tu vida y para la vida de los tuyos, también, en todos los lugares de la tierra, día y noche y por siempre, en la nueva vida celestial e infinita del cielo. El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp? playertype=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com